domingo, 25 de mayo de 2008

Centímetros y centímetros de insaciables huecos, profundos, casi como eco.
Caminar como un cangrejo no serviría de nada, una lanza se le clavaría en la espalda y al atravesar su cuerpo, vería la filosa punta, no había caso. No tenia sentido cerrar los ojos, desnucarse por un tropiezo seria una estupidez, una completa perdida de tiempo.
Decidió no avanzar mas, solo se miraría los dedos gordos de los pies, uno a la vez. Y así fue, el suelo iba cambiando, de color, de textura...
No avanzó mas... dejó que el mundo girara bajo sus pies.